VIOLENCIA DE GÉNERO EN JÓVENES

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Definición y tipos.

La Violencia de Género la ejerce un hombre contra una mujer con la que tiene –o ha tenido- una relación habitual con un vínculo emocional importante. Este tipo de violencia no es casual y sustenta las relaciones de poder patriarcales y la situación de desigualdad entre hombres y mujeres que se deriva de ellas.

La violencia de género puede adoptar distintas formas, señalaremos algunas de ellas:

    • Psíquica. Se ejerce por medio de la violencia verbal o a través de miradas, gestos o gritos. Son malos tratos psicológicos: los insultos, humillaciones, burlas, coerción, descalificaciones y críticas reiteradas, desprecios, enfados, abandono y aislamiento emocional, incomunicación y silencio, chantajes, amenazas de tipo económico o emocional, control de lo que la mujer hace, con quién va. Aquellos actos o conductas que producen desvalorización o sufrimiento en las mujeres. Otra forma de violencia psicológica: romper y golpear objetos, destrozar enseres, tirar cosas, etc.
    • Física. Este tipo de violencia comprende cualquier acto, que provoque o pueda producir daño en el cuerpo de la mujer. Golpes de diversa intensidad en el cuerpo, con objetos o armas: empujones, patadas, puñetazos, palizas, mordeduras, quemaduras, cortes, intentos de estrangulamiento.
    • Sexual. Desde la imposición de una relación sexual no deseada hasta el abuso y violación con uso de la fuerza física. Insultos y acusaciones durante las relaciones sexuales, trato como si la mujer fuera un objeto sexual.
    • Económica. Se da cuando el hombre controla el dinero y le impide a la mujer disponer de él, le impide conocer el patrimonio familiar, toma de decisiones unilaterales sobre su uso, se apodera de los bienes, le dificulta a la mujer tener un trabajo asalariado, le asigna una cantidad y/o le exige explicaciones de los gastos realizados.

 ¿Cómo se inicia?

Es fundamental conocer cómo se construye y asienta una relación de malos tratos. Luis Bonino (2004) señala, que algunos hombres ponen en práctica una serie de estrategias de dominación sobre sus parejas; al principio son de baja intensidad, conductas sutiles y cotidianas que constituyen estrategias de control y micro-violencias que atentan contra la autonomía personal de las mujeres y que suelen ser invisibles o, incluso, estar perfectamente normalizadas, legitimadas por el entorno social. Estas conductas, en la mayor parte de los casos, carecen de intencionalidad y muchas veces son tan sutiles que pasan inadvertidas para quienes las padece y/o para quienes las observa. Tienen como objetivo restringir de manera reiterada el poder de la mujer, su autonomía y su equilibrio psicológico para intentar mantener las relaciones de poder del hombre sobre la mujer. No se pasa a una situación de violencia sin que antes se hayan dado este tipo de abusos sutiles. Algunos ejemplos:

    • Actitud intimidatoria
    • Adjudicarse el mando
    • No tener en cuenta su opinión
    • Imponer ideas apelando a la lógica o a través de la insistencia agotadora
    • Controlar el dinero
    • Invadir el espacio físico
    • Sobrecargar con tareas domésticas y maternales
    • Hacerse la víctima para ser cuidado
    • No tener encuentra sus objetivos o desarrollo personal
    • No reconocer sus necesidades
    • Culparla de cualquier disfunción familiar
    • Descalificar cualquier trasgresión del rol femenino tradicional
    • Prometer apoyos o cambios que no se cumplen
    • Castigarla mediante silencios
    • Distanciamiento emocional
    • Negación
    • Minimización o autoindulgencia sobre los propios comportamientos abusivos,…
    • No valorar sus cualidades o logros
    • Paternalismo

Pincha aquí para ver posibles comportamientos y señales de alarma en tu relación de pareja o como familiar de una posible víctima.

Pincha aquí para ver un ejemplo de situación de control.

El proceso por el cual se llega de las micro-violencias a la violencia de género se conoce como Escalada de la Violencia. Éste es un proceso paulatino y ascendente de etapas en las que la intensidad y la frecuencia de las agresiones se va incrementando a medida que pasa el tiempo. Comienza con los micromachismos o conductas de abuso psicológico, conductas restrictivas y controladoras, bajo la apariencia de actitudes de cuidado y protección, difíciles de percibir por su apariencia amorosa, pero que van reduciendo la autonomía, la seguridad y la confianza de la mujer en sí misma y su capacidad de reacción, que la sitúan en condiciones de dependencia, indefensión aprendida, vulnerabilidad y aislamiento. Este aumento progresivo de la violencia, hasta llegar a las agresiones físicas e incluso a la muerte, puede extenderse a lo largo de un prolongado periodo de tiempo, durante el cual se incrementa la pérdida de referencias, autoestima, seguridad personal, de manera que es difícil para la mujer víctima percibir y entender el significado y la trascendencia del proceso en el que está inmersa, así como el riesgo que corre.

¿Cómo se producen y se mantienen los malos tratos en una relación?

Leonore Walker, psicóloga y autora de la “Teoría del ciclo de la violencia” (1984), para responder a estas cuestiones, señala una serie de etapas en las relaciones de malos tratos:

    • Fase de acumulación de tensión. El maltratador empieza a mostrarse tenso e irritable, cualquier comportamiento de la mujer despierta en él una reacción de enfado. La mujer intenta solucionar el problema, ver la causa, pero esto sólo provoca más irritación en el hombre. La mujer, para no molestarle, comienza entonces a no hacer nada, intenta no expresar su opinión…, pero esto tampoco salva la situación. Si la mujer se queja, él lo niega todo y vuelca la culpabilidad en ella. La intenta convencer de que él tiene razón y no ella, que su percepción de la realidad es equivocada. Ella acaba dudando de su propia experiencia y se considera culpable de lo que pasa. Esto va a reforzar todavía más el comportamiento del hombre.
    • Fase de explosión violenta. El hombre acaba explotando, pierde el control y castiga duramente a su pareja, verbal o físicamente: la insulta, la golpea, rompe cosas, amenaza con matar a los hijos o hijas y a ella, le interrumpe el sueño, la viola... La mujer se ve ahora impotente y débil, paralizada. No toma represalias, todo el poder está en él. A veces, en estos momentos ella se distancia y decide pedir ayuda o incluso en algunas ocasiones se va de la casa, pero él la busca, prometiéndole cambios y le pide otra oportunidad.
    • Fase de “Luna de Miel” o amabilidad y afecto. El agresor se siente muy arrepentido de su conducta (por lo menos las primeras veces), pide perdón, promete cambiar. Y realmente cambia, durante esta fase se convierte en el hombre más “encantador” del mundo, le lleva el desayuno a la cama, le cura las heridas, incluso se hace cargo de las tareas domésticas, le cede todo el poder a ella. En esta fase las mujeres no suelen percibir este ciclo, ni solicitar ayuda y pueden atribuir la conducta violenta de sus parejas a causas externas (estrés, alcohol), a una pérdida momentánea de control. Pero, tarde o temprano, se vuelve a repetir el ciclo y cada vez son más frecuentes los momentos de tensión y agresión y menos los de arrepentimiento, llegando a desaparecer esta última fase.

A menudo se buscan excusas triviales para no ver la realidad de la violencia de género. Todavía hoy, muchas personas las utilizan, invisibilizando el problema real de quienes sufren esta violencia. Existen prejuicios, ideas erróneas y generalizadas sobre la violencia de género, sobre los agresores y sobre las víctimas. Es lo que conocemos como mitos sobre la violencia de género.

¿Y qué consecuencias tiene el maltrato en las víctimas?

La violencia de género puede producir efectos en todas las facetas de la salud:

    • Consecuencias sobre la salud física: Lesiones (que pueden revestir diversos grados de gravedad), enfermedades de transmisión sexual, sida, embarazo no deseado, problemas ginecológicos, cefaleas, malestares físicos... Si la agresión se produce en una mujer embarazada, puede existir consecuencias para el feto: aborto, parto prematuro, muerte fetal, lesiones en el feto o en el recién nacido.
    • Consecuencias para la salud mental: Tanto a causa de la violencia psíquica como por el impacto emocional que genera la violencia física, sobre todo si existe sensación de peligro. Comprende cuadros de depresión/ansiedad, trastornos por estrés postraumático, trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia), diversas manifestaciones psicosomáticas....
    • Consecuencias para la salud social: La violencia de género puede originar sobre la mujer: aislamiento, desconfianza, desvalorización y/o dificultad para entablar relaciones sociales futuras.

Historieta en comic sobre violencia de género en adolescentes: PILLADA POR TÍ